𓆩✞𓆪 𝕯𝖎𝖋𝖎𝖈𝖚𝖑𝖙𝖆𝖉𝖊𝖘 𝖉𝖊 𝖋𝖊𝖗𝖙𝖎𝖑𝖎𝖉𝖆𝖉 𓆩✞𓆪
Hay hijos que comienzan a ser amados mucho antes de llegar. En el corazón ya existe un lugar preparado para recibirlos.
«Por este niño oraba, y el Señor me concedió lo que le pedía.»
1 Samuel 1:27
Cuando el tiempo pasa y el embarazo no llega, la espera se vuelve cada vez más difícil. Aparecen preguntas, preocupación por la edad y el temor de que aquello que tanto se anhela termine alejándose.
Hay momentos en los que necesitamos dejar de llevar solos ese anhelo y entregarlo también a Dios. No para renunciar al deseo de ser padres, sino para encontrar serenidad mientras se transita este proceso.
Durante el acompañamiento espiritual surgen emociones, heridas, recuerdos de abandono o rechazo y vivencias que permanecían profundamente guardadas. En ocasiones también se revelan procesos antiguos, patrones familiares o cargas que la persona siente que no comenzaron con ella y que necesitan ser reconocidos, liberados y entregados a la luz.
En este encuentro se percibe la presencia amorosa de Dios, la Virgen María y los Santos Arcángeles, envolviendo a la persona en amor, paz y comprensión. Una serenidad difícil de expresar con palabras transforma la vivencia interior, mientras el temor y la confusión pierden fuerza.
Lo que acontece en este encuentro espiritual no está en mis manos ni lo determino yo. No establezco cuándo llegará una nueva vida ni prometo un embarazo. Lo dejo en manos de Dios, porque la llegada de una vida pertenece a un misterio que va más allá de mí.
Este acompañamiento complementa la atención médica relacionada con la fertilidad y no sustituye la valoración, el seguimiento ni los tratamientos indicados.
Por precaución, este acompañamiento no se realiza durante el último trimestre del embarazo.
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Los niños tienen una manera sencilla y natural de abrirse a la espiritualidad. Expresan aquello que perciben con la espontaneidad propia de su edad.
Durante el encuentro continúan siendo niños: hablan, juegan, sonríen o descansan. En ocasiones expresan aquello que contemplan y hablan de Dios, de la Virgen María, de los Santos Arcángeles o de una luz que los acompaña. Otras veces son sus padres quienes perciben y describen lo que sucede a su alrededor.
Con los más pequeños, la experiencia se expresa de otra manera: a través de la calma, una sonrisa, el descanso o simplemente quedándose dormidos junto a su madre. Cada vivencia es diferente y no está en mis manos determinar lo que se manifestará.
Cuando un niño atraviesa una enfermedad o vive un momento especialmente difícil, el encuentro se vive con especial amor y delicadeza, respetando su propio ritmo y dejando que la paz y la luz lo acompañen mientras descansa, juega o simplemente permanece junto a sus padres.
Este acompañamiento se realiza a partir de un año de edad, siempre con la presencia del padre y la madre.
No hay un tiempo exacto para cada encuentro. La sesión, individual o familiar, suele durar entre 20 y 40 minutos, respetando el ritmo de cada persona.
Este acompañamiento complementa la atención médica y no sustituye la valoración, el tratamiento ni la medicación prescrita. Si estás siguiendo un tratamiento, continúa siempre las indicaciones de tu médico.